El año va pasando y su discurrir cumple citas obligadas sin
darse un respiro y junto a estas primeras y preciosas nieves de Noviembre, ha
llegado, fiel a la cita, uno de los precursores de la Navidad: el anuncio de
Loterías. Hay otros, pero este adelantado es especial y mueve dinero, ambición
y es el soporte de una venta multimillonaria que, el próximo día 22 de
Diciembre, nos dirá a todos que han empezado los días centrales de la
celebración. Bueno, pues este año el adelantado se ha cubierto de gloria, para
qué nos vamos a engañar.
La opinión es unánime y los espectadores ya han hablado de
ello e incluso ejecutado las pertinentes versiones satíricas, como un vistazo a http://www.gonzoo.com/frikadas/story/las-mejores-parodias-del-anuncio-de-la-loteria-de-navidad-1079/
pone de manifiesto, pero es que la producción da para eso y para mucho más.
Nunca, que yo recuerde, se ha dado tal conjunción de errores en la perpetración
de un acto cuasi delictivo como el que nos ocupa. Sobre un despliegue de
medios, las decisiones tomadas por el director (Sí, un director es obligado,
pues dejando un sistema entregado al devenir del azar, jamás se hubiera logrado
un resultado tan repudiable, por mucho que estemos sometidos a la tiranía de las
leyes de la entropía) se van encadenando
y avanzando, inexorables, hacia un resultado final que destroza nervios,
historia y carreras profesionales volatilizadas en esos dos minutos ya malditos
para siempre.
Citados primero en respeto de la edad, nos muestra a una
Montserrat Caballé convertida en una
monstruosidad que nuestra diva no merece. Es una artista que ha marcado una
época en la lírica y no hay derecho a que ahora, en su provecta y respetable
decadencia, nos la muestren de esta guisa. Simplemente espeluznante, horrorosa,
repudiable. De Raphael podemos decir algo semejante, que él ya se ha encargado
de construir una sólida carrera basada en su propio esperpento, más trabajado,
profesional y único que el que se nos muestra aquí con una nitidez
pornográfica, me temo. Inaudito. Su final tarareando la cantinela de los niños
de San Ildefonso para enmarcar en el museo de los horrores.
Y vamos con los jóvenes, que también hay tela: Niña Pastori aparece
convertida, gracias a un emplastado maquillaje digno de la noche de Halloween,
en una matrona a cargo de la “fregoneta” de los “malacatones”.No tiene otra
opción: debería denunciar su contrato y pedir la retirada cautelar de la
ofensa. Hay millones de testigos que apoyarían su causa y ella podría alegar
una locura transitoria que le impedía ver el engaño, la manipulación y la maliciosa
intención del que pretendía hundir su carrera para siempre jamás. De Bustamante
se puede decir que jamás un honrado trabajador del andamio había dado tan buena
imagen a la homosexualidad más blanda y escurridiza. El pobre chico da hasta
repelús. Y llegamos a Marta Sánchez, cuyo viaje de guerrillera del amor,
encuerada y orgullosa de sus atributos alimenticios de hace lustros a recatada
aparición propia de un coro de la catedral de Chartres en un funeral de estado,
hace que uno se deprima al comprobar, una vez más, que no somos nada ante el
discurrir del tiempo. “Sic transit gloria mundi”, aunque a lo mejor es preferible
no ver tan gloriosos apéndices mamarios colgando, inertes, en las cercanías del
ombligo, que es lo que parece comprobar el citado Bustamente en uno de los
planos del malhadado spot.
Y poco más que añadir sobre el esperpento ese que nos
perseguirá en las próximas semanas con saña implacable y funestas
consecuencias. Nunca hay mejor momento para apagar solemnemente la Televisión
que la Navidad y sus proximidades; época especialmente favorable a la crueldad
de los programadores, marcas comerciales y a padecer cualesquiera tipo de
agresiones por parte de aquellos dedicados a llenar la caja tonta con sus
peores ocurrencias. Avisados quedáis, niños y niñas.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarQue grande es esta entrada del blog. Completamente de acuerdo, aunque para mí la única un poco decente es la niña pastori.
ResponderEliminar