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jueves, 16 de diciembre de 2010

El jardín de las Hespérides

Se abre la ruta a la ambición desmedida. La liamos

Parte la moderna expedición Malaespina a bordo del buque Hespérides para tratar e comprender, un poco mejor, el hábitat más amplio y más desconocido del planeta: el océano. Parece mentira, peros sabemos más, muchísimo más, de la luna y del especio exterior que del fondo marino y de lo que habita los millones de kilómetros cúbicos que conforman nuestros mares.
Hay varias razones para ello, pero da miedo pensar que con lo poco que sabemos, el mar se muestra como una pieza absolutamente clave para el mantenimiento de la vida en su estado actual. Y digo en su estado actual porque el agua es perfectamente capaz de generar vida casi en cualquier circunstancia: basta con que haya energía, de cualquier tipo, a disposición para que las formas de vida la aprovechen y medren sin tasa. El problema es que el hombre ya ha puesto sus ojos en el dio marino y no precisamente para conservarlo.
El deshielo veraniego del polo norte ya ha hecho sonar las trompetas de la caza y tras las rutas comerciales que van de paso, vendrán las explotaciones mineras, petrolíferas, pesqueras...el desastre, vamos. Ya están listos, ya han empezado las peleas por poner rayas en los mapas y Canadá, Rusia, Groenlandia etc andan a la greña para arañar kilómetros de fondo marino lleno de riqueza minera.
La riqueza natral que desaparece con el hielo, más o menos se la sopla a todo el mundo, que lo que importa de verdad es la otra. Que esas explotaciones deban soportar condiciones de desgaste y riesgo inimaginables, tampoco importa, que para so hay pasta y se compra a los medios para que no investiguen demasiado y, sobre todo, para que no hagan memoria y no se acuerden de lo sucedido en el golfo de México. Si en esas aguas, un charco comparado con el ártico y sus tormentazas de hielos, se montó la que se montó, no quiero pensar en la que se podría organizar allí arriba; pero volvamos a la cubierta del Hespérides, que es más interesante.
Son siete meses de expedición, científicos y más de 30.000 millas de viaje que rendirán homenaje a un hombre recuperado del olvido nacional, el marino Alejandro Malaespina que capitaneó una expedición a finales del siglo XVIII, llamado de las luces y que tan poco, y con tanto sacrificio, alumbró en España. Esta expedición es una más de las que anualmente programa el barco, un navío que año tras año se dedica a incrementar su prestigio y que de forma ordenada, seria y profesional, está llegando donde hace unos años era impensable: a la cumbre de la oceanografía.
Se va el Hespérides a cuidar el jardín de las ninfas, el mar y con él parte la esperanza de que el hombre no consiga destruir lo más secreto de nuestro origen como especie: que no destruyan el mar, que lo conozcan y lo preserven de ambiciones y desastres.

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