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martes, 6 de julio de 2010

De mierda en mierda


Todos presidentes y todos responsables: ¡que envidia!.

Un día queda para que los toros tomen las calles de Pamplona y en vez de entregarnos a la alegría de ese chupinazo que pone a España el cartel de abierta por fiestas veraniegas, otra vez nos asalta la corrupción para adueñarse de las primeras páginas. Unos dirán que los otros más; que estos ya no son míos o vaya Vd. a saber que excusas pondrán unos partidos que están demostrando que, si bien sus estructuras han sido lo suficientemente poderosas para cargarse la inteligencia de los cuadros, son alfeñiques ante los capos de la corrupción que les han podrido hasta los tuétanos.
Hace años que digo que el problema de la corrupción nos mata y conseguirá enterrarnos, pero la corrupción no sólo es económica y ha conquistado el terreno de la moral, la lealtad, la inteligencia y hasta del buen gusto.
España está sufriendo ataques desde dentro, auténticos sabotajes que sólo pretenden tomar el poder aunque ese poder deba ejercerse sobre las ruinas de un estado. Sólo así se explican los continuos titulares y publicaciones que hablan de bancarrota, de quiebra y de cataclismos varios.
El gobierno de Zapatero apenas consigue mantenernos vivos y, seguro, no pasará a la historia como una luminaria en el panteón de las glorias patrias, pero es que lo que le están haciendo tampoco debería estar fuera del código penal. Y como un ejemplo vale más que mil palabras, quiero hacer una comparación institucional que hace tiempo quería comentar; un juego que ilustrará las diferencias entre uno y otro concepto, juego y concepción.
Es posible que Obama sea uno de los personajes que más se pueda diferenciar de Bush, quien a su vez, se distancia de Bill Clinton como si este último estuviera infectado de algo raro. Pues bien, todos ellos, por encima de sus odios personales –que son muchos, diversos y enraizados en antiguas y durísimas peleas electorales – son los representantes de la Presidencia de los Estados Unidos y se ponen, junto con Carter, papá Bush y todos los vivos, que no se si me dejo alguno, en primer tiempo de saludo, a las órdenes del presidente –Comandante Supremo de la Nación – para lo que el señorito guste mandar. ¿Alguien se imagina a Bush hablando mal de la administración de Obama en China? Ni se nos ocurre, ¿no?.
Ahora, que cada uno repase sus recuerdos acerca de comportamientos de políticos y personajes públicos en España aplicando el mismo criterio de solidaridad ante el exterior y defensa de los intereses comunes. Cuando haya acabado con los pañuelos de papel, que siga llorando en el baño hasta que la deshidratación lo calme. Que país y que paisanaje, ¡joder!

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