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domingo, 3 de julio de 2011

De la bondad divina y de la materia como error



Dos branas tridemensionales de superenergía inmaterial a punto de colisionar para dar lugar al Big Bang.
El modelo propuesto por la TeoríaM. Uno más.
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Esta entrada va larga y densa, así que calma y a comerse el tarro, que por lo menos yo, me he divertido. Un papel para apuntar puede ser util, aviso.
Como algunos ya os habréis dado cuenta, eso de la física me gusta bastante, de manera que muchos de los tiempos “muertos” en los que se puede dejar la cabeza suelta, acaban dando vueltas a ideas y conceptos que me hacen elaborar ideas curiosas o descubrir planos de relación bastante divertidos. Por supuesto, parto de la base de que me equivoco al 100% y de que todo lo que yo he entendido, o doy por bien entendido, acaba configurando un error de proporciones cósmicas; pero como eso no impide que yo me lo pase estupendamente, os invito a seguirme en una idea fruto del paseo de esta mañana.
Toda la construcción que voy a intentar explicar parte de analizar un concepto que siempre me ha parecido absolutamente falso, cruel y completamente injusto: la famosa y tan alabada bondad divina, mito que rechazo de plano y cuya explicación, bien argumentada,  me llevaba a la conclusión de que la materia y, en consecuencia el universo que observamos, es una anomalía general cuyo estudio siempre nos llevará a leyes incompletas o equivocadas. No está mal para un paseíto matinal en compañía de los chuchos.
Si partimos de lo adecuado de la afirmación de que “Dios hizo el universo en siete días....y debe ser verdad, porque notarse, se nota. Vamos, que se podría haber esmerado un poquito más.” Podremos acercarnos a una verdad incuestionable que ha conformado la base de una las construcciones científicas más elegantes y sólidas: La Teoría de la evolución y de la supervivencia del más apto”. Realmente, ¿que hay debajo de esta sólida realidad? Que la naturaleza no aspira a conservar la vida, ninguna vida, sino a destruirla. La vida, la existencia de materia animada, contradice de plano uno de los pocos hechos demostrables de nuestro mundo y al que hemos llamado Entropía, que no es más que la medida del desorden molecular de una materia o sustancia.
¿Y que sabemos de la entropía? Que nuestro universo la adora, que aspira a elevarla de forma constante. De la misma manera que no podemos esperar que una pella de barro se caiga y de forma espontánea forme una jarra, no es lógico que las moléculas de la materia se organicen para dar lugar a un organismo animado. Eso, que según lo que podemos observar en el mundo que nos rodea parece tan normal, es una verdadera aberración, de forma que el sistema –el universo en pleno y sus leyes – se defienden y tratan de que toda la energía robada al sistema por ese organismo se devuelva al mismo para aumentar y equilibrar la entropía del mismo. La aberrante generosidad con la que los organismos dilapidan posibles réplicas de si mismos, nos da idea de lo complicado que es conseguir permanecer ”ordenado” en lugar de devolver al medio ambiente todos los átomos que componen nuestra maquinaria.
No es que sobreviva el más apto, es que sólo sobrevive aquél que es capaz de defenderse de la ley natural de devolver al ambiente toda la energía que está utilizando en contra de la ley natural. Eso, llevado hasta la presencia divina, nos elimina de plano la idea de bondad: no hay bondad en la vida, hay violación d e las leyes naturales y persecución y castigo. De hecho, nadie escapa del cumplimiento de la condena y todos los seres vivos acaban devolviendo al sistema la energía “robada”. Si esa llamada bondad existiera, lo normal y lo sensato sería organizar un universo en el que la ley básica no fuera algo tan derrochador, asesino y cruel; pues hay que recordar que el tránsito de materia animada a componente molecular de suelo orgánico, suele ser bastante desagradable.
¿Y que pinta dios en todo esto? Básicamente nada, pues si lo que acabo de comentar tiene sentido, y para mi lo tiene, no hay ningún papel reservado para algo que tenga que ver con la idea de dios en este desastre. Y es que la cosa, si asumimos las derivaciones finales del principio de la entropía, nos coloca ante una idea curiosa: el universo observable también es, en si mismo, una anomalía que el sistema debe reconducir. Y algo hemos intuido aunque sin atrevernos a asumir sus verdaderas implicaciones. Veamos.
Los astrofísicos denominan al hecho generador de la materia que conforma nuestro universo Big Bang, y también, “singularidad”. A los agujeros negros, las formaciones que tienden a reunir y destruir toda la materia generada por el hecho aislado, singularidades cósmicas o espaciales. Damos vueltas, pero la idea de anomalía, de hecho aislado y singular, subyace a la intuición de que la verdadera naturaleza del universo no es material, sino inmaterial. Lo que vemos y tocamos es una excrecencia del sistema, un deshecho, una aberración o una anomalía; algo que no se corresponde, para nada, con la verdadera naturaleza de aquello de lo que proviene.
La física nos enseña que la materia es una cualidad de la energía; algo que es creado en función de las disponibilidades del sistema y que además, resulta enormemente inestable. Sin embargo, nos empeñamos en equiparar el conjunto de la materia observada y observable con el concepto de “universo real”, axioma que mi cabeza empieza a rechazar de plano y que es consecuencia de la aceptación de esas leyes a las que sus descubridores pretenden forzar para que nos lleven a otras consecuencias.
El Big Bang, nos cuentan, parte de un impensable acúmulo de energía que no ocupa espacio alguno, algo que nos resumen como “densidad infinita”. Es decir, desde mi punto de vista, lo que nos dicen es que partimos de un sistema de plena entropía en el que el desorden es máximo y en el que podemos asumir que no hay orden alguno, no hay estructura física ninguna que sea producto de la pérdida de entropía del sistema. ¿Pero en que se plasma la pérdida de entropía de un sistema de máxima energía? En materia, materia que no es más que energía convertida en masa, es decir, energía “ordenada” y “estructurada”.
Así pues, el maravilloso espectáculo del Big Bang es una anomalía de un sistema cuya verdadera naturaleza es “no material”. ¿Y esto que implica? Pues que desde la primera milmillonésima de segundo tras la manifestación de esa singularidad, las leyes de la física trabajan para que el nuevo sistema creado retorne al estado original y la excrecencia generada consiga reintegrar toda esa energía “mal utilizada” al sistema del que nació ¿Y como se consigue eso?  Mediante la máquina de la gravedad, esa fuerza inmensa que se organiza para captar toda la materia estelar y encerrarla, de nuevo, en un punto de densidad infinita que, reciclada, pueda alimentar de nuevo el sistema del que salió.
Damos por cierto que la energía ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma y sin embargo, queremos buscarle a esta realidad no tres, sino miles de pies que validen la idea de nuestra importancia en los “planes divinos”. Pues bien, si hubiera dios, desde mi punto de vista, estaría trabajando como un loco para restablecer, a toda mecha, ese sistema metafísico –en su acepción de más allá del plano material- en el que nuestra propia organización molecular es una aberración excepcional.
Espero haber sido capaz de resumir el cogollo de la cosa de una forma sencilla y más o menos llevadera, pero si no lo he conseguido, mis disculpas para todos, pero yo me lo he pasado bomba pensándolo. Que sea verdad, ya es otra historia, aunque me queda una pregunta importante que algunos habrán echado de menso: ¿que pasa con el tiempo? Pues que ni idea, oiga usted. Lo dejo para otro paseo, a ver si me llega la inspiración y se resuleve solo.De momento, en este esquema o modelo, el tiempo no juega ni tiene espaio para existir. Un universo inmaterial formado de pura energía y sin espacio, es ajeno por completo a la idea o a la dimensión de tiempo.
Por cierto, para todos aquellos maledicentes que estéis pensando que todo esto se debe a una agenda con pocas fechas marcadas para la celebración de fiestas toga y orgías romanas, debéis saber que si, que mi agenda es aburrida, pero que la vuestra, si estáis aquí leyendo este ladrillo, tampoco es para tirar cohetes, así que dejémoslo en paz. Buena semana a todos.

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