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domingo, 28 de febrero de 2010

LA TORTURA EVITA ATENTADOS (Noticia Tv 16 de Octubre)



El MI5 británico, inmerso en informaciones sobre complicidad con cuerpos policiales que la practican, niega su participación en las mismas pero matiza: la tortura evita atentados. Ese cinismo de rico antiguo, de español bien de toda la vida que mandaba a Marruecos al soldadito de cuota que moría en su lugar, es absolutamente inmoral. No sólo es inmoral, es que es vomitivo, fascista y degenerado. Yo no lo hago, pero pago al que lo hace. ¿Qué diferencia hay con el colombiano que alquila un sicario? ¿Es sólo un problema de ser más rico que el pobre que ejecuta la acción ilegal?


Esa postura, que lamentablemente me temo extendida entre países ricos, demócratas y “limpios” es tan repugnante que cuesta, por lo obvio de su rechazo, argumentar sensatamente sobre su indignidad. El MI 5 se mantiene al margen, mira cómo la policía marroquí o pakistaní hace salchichas a cualquier detenido y apunta la partitura cantada por el reo. Que la partitura sea verdad o mentira es secundario. Aprendimos con los tribunales medievales que si hay algo que invalide una confesión firmada, jurada y rubricada, es la tortura.

Lo más seguro, seguro, vamos, es que el que valora positivamente la información obtenida por ese asqueroso método, fuera el primero en inculparse de cualquier cosa que un finísimo verdugo le pidiera. La verdad es, en este caso, un problema de física aplicada o recreativa: Veamos niños ¿Cuántos voltios hay que aplicar en los cojones del detenido por cada cuarto y mitad de atentado confeso? Pedrito, contesta: ¿Cuántos kilos de presión hay que aplicar en la bota malaya para que un detenido acuse a su propio padre de la muerte de Prim? Como vemos, todo es cuestión de física, de pura experimentación y método. Lo demás, pesquisas larga, caras y tediosas. ¿Para qué tiene que pagar el contribuyente largos procesos de seguimiento, búsqueda de pruebas y órdenes judiciales si con un buen par de hostias bien dadas se obtiene lo mismo y encima nos quitamos de en medio a aquellos elementos sociales que no nos molan? Coño, si es que es de cajón: moros, parados sin obras que hacer; negros, drogotas y encima vendedores ilegales, pues se les dan un par de golpecillos aquí y allá y hala, a casita o a la cárcel. A hacer puñetas, coño, que os liais con dos de pipas.

No señores, hay que matar: el uso correcto de los procesos es lo que nos diferencia de ellos, de los salvajes, de los terroristas, de los fanáticos. Somos distintos y mejores porque no matamos ni torturamos; porque somos tan grandes que preferimos sufrir bajas que ser injustos y miserables. Ni más, ni menos.

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